miércoles, 1 de diciembre de 1999

Otra Visión de Nuestro Derby


ARQUITECTURA – CISNEROS. ESCUELA – COLEGIO.

Cuatro de la tarde de un sábado, doce y media de la mañana de un domingo, no lo recuerdo bien, la hora nunca es fundamental. Tampoco tiene importancia. Entre los árboles y arbustos que coronan el Central entreveo el azul – azul y el blanco de unas camisetas de rugby que forman parte de mi vida. Casi está por terminar el calentamiento, queda poco para que comience el partido. Hoy toca el derby por excelencia. Las equipaciones varían con los años, al ritmo de la moda. Las botas y los tacos se tecnifican y modernizan. Temporada tras temporada se renuevan nombres y personas, se desgranan capitanías y se presentan candidatos a nuevas figuras. Los años cuentan más en los veteranos, que ven como el tiempo casi se ha parado y son relámpagos para las jóvenes promesas. Hoy juegan Arquitectura y Cisneros. Escuela contra Colegio.
El Central de la Universitaria es el corazón del rugby en Madrid. Yo diría que lo es en toda España. Sin duda se trata de la historia viva de nuestro deporte. Los árboles del recinto coronan una verde pradera que se confunde con el graderío, nacido a ras de la hierba. La grada del Colegio tiene como telón de fondo el rojo ladrillo del Mayor y sus ventanas que, asomadas a él, albergan y cobijan los sueños de los jugadores colegiales. En frente, la grada de la Escuela y, tras ella, la imponente arboleda que se mece, acaricia y vigila cada movimiento del Central. A escasos metros se sitúa, expectante, la Escuela de Arquitectura, corazón del equipo blanco. Entre una grada y otra, están los testeros. En uno de ellos se asienta la pasarela del Central, que es el brazo que une a ambas gradas e instituciones. La historia no es caprichosa. Nacimos a la orilla del Central, como equipos enfrentados, rivales, hermanos. Compartimos espacio, casi el mismo, filosofía e historia. En ese lugar hemos crecido.

El currículo deportivo de dos clubes históricos está jalonado de éxitos y fracasos. Aún guarda en su vitrina la Escuela un récord de títulos que emociona. Todavía resuenan en las paredes del Colegio Mayor Cisneros los años de glorias, títulos y campeonatos. Aún gozamos de salud dos instituciones deportivas, con tanta gente vinculada a nuestras ilusiones que son como un río de sangre renovada permanentemente con sentimientos heredados. La Escuela ha ganado 6 Copas de S.M. el Rey y 9 Ligas. El Colegio 4 copas y 2 ligas. Sólo la llegada de otros aires al rugby patrio y el empeño de nuestros clubes por mantener su idiosincrasia nos ha apartado de la senda de los campeonatos aunque, por supuesto, no de los éxitos, que se miden con un patrón humano y con el peso de la tradición. Ambas instituciones han sido hegemónicas en el rugby universitario, con incontables títulos y logros. Pero los éxitos y la rivalidad no son sólo datos y números. La historia la escriben las personas y su modo de sentir y trasmitir nuestro deporte.

Antes de comenzar el partido el círculo se cierra, armado con 15 hombres que son uno. Se respira el sudor y el linimento. Se escuchan los jadeos y los nervios. La voz del capitán es de acero. En el abrazo conjunto se siente al compañero. En un derby cada jugador debe saber que ocupa el lugar que otro ocupó en su tiempo y el que alguien ocupará. La tensión que recorre nuestros brazos y piernas, la emoción que se siente en el estómago y los pelos agitados por la electricidad son la muestra de los años de historia que derramamos sobre el Central en cada derby. Por eso estos partidos son especiales. Cuando la historia no alumbra un partido, pierde parte de su emoción. El rugido de los ecos del pasado cobran fuerza en el presente y revive como el viejo reloj de Borges, en el que se paró el tiempo, cuando la hora verdadera coincide con sus agujas detenidas.

En cada club las figuras, los jugadores de leyenda o aquellas personas que resultan omnipresentes se forjan con el paso de los años, generación tras generación. En Arquitectura y en el Cisneros hay ejemplos históricos que significan tanto a lo largo de nuestras vidas, que casi podríamos definir qué es el club a través de su paso por él. Un derby no sería nada sin esas grandes figuras humanas que alumbran lo que somos y cómo nos hemos formado a través del rugby en el Colegio y en la Escuela. Lino Plaza es una de esas personalidades que, aún sin conocerlo personalmente, nos iluminarían en el camino del rugby leyendo o escuchando algunas pinceladas de cómo vivió y cómo sigue viviendo en el espíritu de Arquitectura y en
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nuestro rugby. Es héroe de la Escuela y antagonista del Colegio. Es envidiado y odiado, en lo deportivo, a partes iguales. Es el haz y el envés del mismo deporte y de dos equipos que se dan la mano.

¿Cuántos partidos del derby vivió Lino Plaza Tuñón? Tantos que no cabrían en pocas líneas. Disputó partidos como dirigente, entrenador, ojeador, compañero, director técnico, pero también como utillero, linier, árbitro, consejero o patrocinador. Todo esto nos lo recuerda Eduardo Sancorchi en el memorial que le dedicó la Escuela a Lino y en el que también plasmó cómo se vivió el primer partido sin él físicamente entre nosotros. Felipe Samarán definió a Lino como:
"Personalidad, Carácter, Esfuerzo, Entrega, Dedicación, Sacrificio, Amistad…" Magíster recordaba que Lino era gruñón, pero que tras esa costumbre enseñó a generaciones de la Escuela a amar el rugby. Dominic Begg decía de él que era un mal relaciones públicas. Lo calificaba de amigo de los jugadores y jefe, al mismo tiempo, algo tan difícil en estos tiempos. La anécdota que resume su carácter es la del viaje en autocar a Granada, momento en el que recuerda como pidió que "A ver si Plaza paga las cervezas en el próximo bar." Y sonó una voz que respondió "El SEÑOR Plaza". En general le recuerdan con su chándal casi raído, con sus manos metidas en el abrigo azul y con su gesto serio, con el entrecejo fruncido. Su biografía la podéis leer en el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia o en el Diccionario de Motes del C.D. Arquitectura, 2007. En estas líneas os invito a pensar lo mucho que costaría sentarse a ver un partido entre el Colegio y la Escuela sin contar con la forma de entender el rugby de Lino y de todos los que han conseguido construir un sentimiento en torno a estos dos rivales eternos. Durante este derby podremos mirar a la grada y sentir ese pellizco al intuirlo sentado junto a nosotros, con un gorro que le protege del frío y con gesto adusto. Son las luces de nuestros colores. Junto a él comparten grada tantos y tantos nombres que nos han dejado, que permitirían llenar las gradas del viejo Central, la de la Escuela y, en frente, la del Colegio.
Pero vuelvo al comienzo de esta historia. ¡Hoy toca derby! No me olvido, claro. El calentamiento ha terminado y el balón está a punto de volar al viento. Las crónicas de este tipo de choques a lo largo de los años se han guardado en la memoria de los jugadores. Han inundado horas de conversación en el bar del colegio, en la grada del Central o en la Cátedra de la Escuela. La prensa ha recogido nuestra lucha, temporada tras temporada. Voy a traer al presente la historia de un partido en el lejano año 54. El ABC, en su edición del domingo 5 de diciembre del citado año recogida lo siguiente: "Arquitectura y Cisneros están imbatidos. El vencedor del partido de hoy será, seguramente, el campeón". ¡En un periódico de tirada nacional aparecía esta nota! Y uno se queda con las ganas de saber cómo acabo ese encuentro. Tres días después, el miércoles 8 de diciembre, el mismo medio aportaba la crónica del partido: "De los tres partidos jugados en la Ciudad Universitaria correspondientes a la penúltima jornada de la primera vuelta del torneo universitario de rugby sobresalió el que disputaron Arquitectura y el Colegio Cisneros, ambos imbatidos en el torneo y aspirantes al campeonato los dos. A pesar de que normalmente estos encuentros de carácter decisivo nunca ofrecen buen juego, esté constituyó una agradable excepción, pues se pudieron ver jugadas extraordinariamente brillantes, con aperturas continuas a los tres cuartos, placajes del más puro rugby, melés abiertas y todo lo bueno del rugby, que permite asegurar que fue el partido más bellamente jugado de la temporada y, desde luego, uno de los más emocionantes, ya que faltando cuatro minutos el marcador señalaba empate a seis puntos. El resultado final fue el siguiente: Arquitectura: nueve puntos (tres ensayos sin transformar); Colegio Cisneros: seis puntos (un ensayo sin transformar y un golpe de castigo). Marcó primero Arquitectura por medio de García Sanz en un bonito ensayo, pero a los pocos minutos Echeverría, tras desbordar al back de arquitectura, ensayó de forma espectacular, consiguiendo el empate. Luego presionó Arquitectura, y Mantarás logró, a base de potencia, llegar a la línea de ensayo y proporcionar a su equipo tres nuevos puntos antes del descanso. En el segundo plazo siguió el buen juego y, como las líneas defensivas se mostraron seguras, resultó difícil la consecución de puntos. Sin embargo, Reboiro alcanzó un ensayo para el colegio y, con él, el empate, que sólo pudo deshacer Arquitectura poco antes del final en una apertura de Aguirre que Mas ensayó. Aguirre intentó la transformación, perno no tuvo suerte y el balón se estrelló en un poste." ARQUITECTURA – CISNEROS. ESCUELA – COLEGIO.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo. ¡Ha pasado tanto tiempo desde entonces! Los nombres nos dicen poco y suenan como estampas de un viejo deporte. Tal vez algún nieto de aquellos héroes esté sobre el césped hoy o lo esté en breve. Son casi sesenta años de una crónica que refleja lo que ha sido y lo que es nuestro enfrentamiento anhelado. Nadie se ha querido perder década tras década este momento. Ha habido victorias y derrotas, pero siempre respeto. Estoy sentado en el lugar en el que quiero estar, presto a contemplar rugby del puro y voy a pasar los 80 minutos más apasionantes que puedo desear, plenos de entrega, de poder a poder. Todo el que está sentado en la grada, un día como hoy, forma parte de esta gran historia. Hoy no sé cuál será el resultado, sé cómo será el enfrentamiento. Intenso, como siempre. Como manda la tradición y la lucha de nuestro derby. Como colegial no puedo ocultar mi deseo de victoria y mi fe en qué la conseguiremos. Si me dieran a elegir un partido entre todos lo que puedo disfrutar, sin duda, me sentaría, como hoy a ver el azul – azul contra el blanco. El Cisne frente al compás que acaricia a la rosa. Ya me callo, que no me quiero perder ningún detalle y ninguna jugada. ¡Silencio, señores, que hoy juegan el Colegio y la Escuela!
Octubre de 2011. Takito.

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